No vi a mis parientes subirse al camión en la mañana porque ya iba yo de camino; tenía que llegar primero.
Así que al llegar en la noche sentí el intenso aroma de azahares antes que ellos. Cuando ellos llegaron, se lo explicaron pensando que era la época de cosech
a. Yo supe que era porque ella ya estaba ahí. Era su aroma.
Hubo alboroto en la mañana siguiente cuando la vi. Dijeron que no debía, pero me urgió verle esa otra forma de maquillarse y vestirse, mirar esa otra advocación de Guadalupe: la de novia por ser.
Cuando nos vimos entonces, reímos de amor.
Hoy cuando nos vemos, reímos, además, de felicidad.


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